REFLEXIONES SOBRE EL CUIDADO DE LA SALUD FEMENINA

Autora

Dra. Pilar Vázquez Santos

Médico Especialista en Ginecología y Obstetricia

Académica de Número

Resumen

La salud de la mujer ha sido, es y será siempre, un tema apasionante por sus repercusiones personales y sociales.
En este breve artículo trataré de las necesidades cambiantes de la mujer, de su preocupación e inquietud ante la necesidad de acudir a un ginecólogo y dedicaré una especial atención a dos momentos importantes de su vida: la adolescencia y la menopausia.
La salud es un derecho humano fundamental, y el cuidado de la salud femenina, en particular, se merece una reflexión profunda, tanto desde el punto de vista femenino como feminista, pues necesitamos cambios en nuestra atención para ser cada día más activas y productivas, y sobre todo más conscientes de nuestros valores. A lo largo de la historia, hemos sido relegadas en muchos aspectos, uno de ellos ha sido la discriminación por sexo en nuestras etapas formativas, así como en la convivencia familiar, laboral y social.
La atención sanitaria pública, tanto primaria como hospitalaria, ha supuesto en los últimos años del siglo XX y principios del XXI cambios notables en todas las especialidades médicas. La Obstetricia y Ginecología no iba a ser menos y evolucionó al ritmo que han aparecido nuevos resultados de investigaciones clínicas y avances tecnológicos. La formación de los ginecólogos actuales se realiza dentro de la medicina científica y se dirige al exclusivo cuidado integral de la mujer. No cabe duda de que la atención ginecológica hospitalaria aporta una calidad técnica de primer nivel, tanto por los conocimientos profesionales como por los medios tecnológicos disponibles. Ello no significa, sin embargo, que la atención ginecológica privada haya perdido importancia, ya que supone un especial y valioso complemento para el cuidado de la salud femenina, por lo que le dedicaré el oportuno espacio en estas reflexiones.
Las consultas privadas muestran determinadas particularidades:
El acceso ha de ser fácil, no tortuosa, ya que se acude generalmente con una necesidad inmediata por problemas cambiantes heterogéneos y abigarrados.
El servicio público está saturado, y en él es difícil interactuar con el ginecólogo, bien porque no se tiene cita, bien porque no se atiende la patología que le preocupa a la paciente o simplemente porque resulta difícil aclarar una información.
Los desafíos personales diarios de la familia, el trabajo y la sociedad, alteran tanto la salud física, sexual y reproductiva, como la mental y emocional, lo que aumenta el estrés, y origina somatización de síntomas a veces difíciles de clarificar, diagnosticar y de tratar.
Allá por los años 80 la liberación de la mujer rompió muchas barreras de falta de información sobre las relaciones sexuales, anticonceptivos, embarazos no deseados, abortos provocados y las tan temidas infecciones de transmisión sexual. Todo ello hizo que aumentara la demanda de la consulta privada
Las necesidades cambiantes de la mujer se están utilizando como reclamo publicitario, cosificándola, confundiendo belleza con salud. Ella quiere cuidar su salud, estar activa, mantenerse joven, sin arrugas, sin que el paso del tiempo deje sus huellas (algo imposible). Qué mejor especialista para este tipo de cuidados que una ginecóloga.